29 mayo 2010

Día cuatro. La estación


Tres sillas azules frente a mi. El reflejo de una pálida  luz blanca en  las ventanas  y  el sonido del tren atravesando paisajes planos.  No hay nadie más en este tren. Música, una banda sonora acompaña esta secuencia de imágenes rapidísimas. ¿Es esta la narración de una historia  imaginada ? -  No.No lo es-  Aquí estoy yo y estas sillas y esta música y este vagón desajustado y estos paisajes.

Es tarde ,  todos afuera durmen . Mientras tanto yo riñendo con esta  memoria premiosa  que da brincos entre  una  tarde soleada mirando a los universitarios  en la calle sexta y  su piel tibia invadida aún por las huellas  torpes de un pasado que se deshace, o que nunca fué. De allá para acá y de acá para allá. De este espacio iluminado por una luz amarilla y una pantalla brillante acompañado de  una musiquita  como para bailar y luego  hacia atrás  y recordar  entonces una tarde al otro lado del mar invadida por su voz , pasmada y casi muda  escuchándole hablar sobre la variedad de especies vegetales traídas del viejo mundo, y luego acá otra vez recordando que ahora soy yo en el viejo mundo intentando hacer un puente con palabras entre un  recuerdo brumoso  y  esta escasa  luz de invierno . Sometiendo el presente a lo  ausente . Una goterilla en la cocina y sus manos tocando mi pelo.

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